Me quedé en blanco.
La carta iba dirigida al señor Morgan en la posada como acordamos.
Pero no discernía acerca de lo que quería responderle a él.
Mi primera intensión era volverle a aclarar que no atendería a sus demandas, que era un arrogante y muy prepotente su petición.
Pero no podía, había demasiado expuesto en esa cartas, en sus cartas, del alma del Capitán Pirata como para responderle que era un arrogante.
Entonces... una mirada al closet, donde guardaba en una caja lo que había traído del barco, y, una loca idea cruza por mi cabeza.
El señor Phillips.
Y ya no tuve dudas, esa locura era lo que deseaba::
Estimado señor Murad.
He notado en sus cartas una profunda pasión por el mundo y sus diversas culturas.
Veo en su persona a un explorador, alguien que en vez de destruir, ama preservar.
He logrado descubrir que usted puede ser más afortunado que muchos y sin embargo está dentro de una prisión que se lo impide verlo.
Y además, usted tiene familia. Por favor no se moleste con Morgan por haberme mencionado a su madre.
Es una bendición, no se puede ver de otra manera.
Podrá parecerle absurdo que le diga todo esto. Pero si me escuchara, lo vería.
Solo quisiera que me lo permitiera.
Sé que en el mundo no aprenden a escuchar a una mujer, sin embargo lo que he encontrado en usted ha sido más, mucho más que un temido pirata o un hombre arcaico.
Me gustaría hablar con usted otra vez, en otras condiciones si fuera posible"
Detuve la escritura pensando en lo demente que estaba yo.
Dejé de escribir la carta y decidí recostarme y dejarla allí hasta mañana.
Si me decidía, podría en la tarde pedirle a alguien que llevara la carta a la posada.
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Bueno, sobrevivir a dos batallas navales tenía que haberme enseñado algo. Haber enfrentado cara a cara a un temible forajido y ver con mis ojos a un demonio, no podía hacer que me acobardara el enfrentarlo ahora.
Arrogante atrevido.
Tenía una decisión de hierro esa noche.
Y así pensaba, creyendo que iba a dormir, pero el ardor en mi pecho era como el de esas velas que se consumían sobre la mesa...
Entonces, retomé mi pluma, y el mismo papel, y continué:
"Capitán, puede esperarme a entradas de la posada como hice con Morgan hace poco.
Nadie me reconocerá, usted sí, porque quien irá será el señor Phillips.
Después del ángelus y nuestra misa vespertina. Mañana.
Y que sea lo que Dios quiera"
No di más detalle, me aventuraría, y yo decidiría si el encuentro se daría, si o no.
Porque yo lo decidiría todo.
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