Al principio solo había sorpresa y desconcierto en su rostro... Pero luego, el Capitán echa su cabeza hacia atrás y suelta una carcajada como nunca había oído.
Por primera vez se reía con ganas aquel hombre.
Los demás hombres empezaron a reírse también.
-Pero en verdad parece un hombre usted- entonces se acerca y aquellos ojos grises me recorren de arriba a abajo -Un esquincle muchachito pero, caramba señorita-
-Lo hice para poder salir y salvarme de morir asfixiada- me defendí humillada.
-Es cierto señor, el camarote se incendió- intervenía Morgan -Hubiera muerto de no haber salido-
Yo estaba muy roja, de furia y humillación, pero el Capitán dejó de reírse, e igual el resto de los hombres, para clavarme los ojos y decirme con un tono muy diferente:
-Muy astuto de su parte, monjita, debo admitir-
De repente ya no me ardían los ojos y mi piel se enfriaba.
-Yo la encontré, señor, y cuide de ella- intervenía Ramirez.
-Yo no necesito que me cuiden. No tienen por qué pensar en cuidarme-
El Capitán completamente inexpresivo, no se podía dilucidar lo que pensaba. Salió del compartimiento de armas y se dirigió hacia los cañones para verificar que ya no hubiera rastro del bergantín español.
Podría decir que gracias a Dios que había desaparecido en el océano.
Podría sentir que el Venganza Negra me había protegido.
Admiraba la fortaleza de aquel barco, que siendo más pequeño, había resistido el ataque mientras que el bergantín español había sucumbido, y ahora reposaba sobre el lecho marino junto con sus tripulantes mientras que nosotros seguíamos allí a flote y a salvo.
-Pero escaparon unos- le dije. Él giró hacia mí, que estaba detrás. Que lo había seguido hasta allí al igual que Morgan.
-Unos asesinos, señorita. Los españoles son unos asesinos, no hay otra manera para llamarlos-
Quería tanto hablar con él, que lograra hacerlo hablar, que me explicara por qué todo eso.
Pero ese hombre no cambiaba. Por ratos parecía misericorde. Le había dolido en verdad la muerte de sus oficiales.
Pero en seguida cambiaba de actitud y adoptaba su personalidad brutal y distante.
Vuelve a sonreir al verme en esas fachas, y esta vez ya no me humillaba:
Vuelve a sonreir al verme en esas fachas, y esta vez ya no me humillaba:
-Es demasiado difícil ser femenina en esta vida, señor- y me encogí de hombros y... Dios luché por no sonreír también.
-Pues hiciste bastante bien. Me engañaste y eso es sorprendente- fue lo que dijo, contrario a todo lo que hubiera esperado.
Asentí para evitar decirle "Gracias señor" o "Gracias Capitán" como una subalterna más.
Pero no se podía negar que lo que hice le había gustado al Capitán, de la manera en que a alguien le gusta algo que resuelve muchos problemas.
-Te llamarás de ahora en adelante Phillips- dijo al fin.
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