La habitación olía a exquisitos sahumerios, y estaba rodeada de diversos objetos que identifiqué inmediatamente como reminiscencias del imperio musulmán.
Mi cuerpo reposaba tranquilo, como si aquellos olores orientales relajaran cada músculo y cada fibra de mi ser.
Yo seguía en mi mismo camarote. Y amanecía.
Tenía claro lo que había pasado: anoche me habían escuchado gritar y habían ido a asistirme, espantando lo que fuera que me había atacado.
Dios, ahora nada parecía tan terrible.
Pero anoche lo fue, y hoy había en mí una enorme tristeza.
Me habían dejado sola después de que me acostara y me tranquilizara.
Lo que no fue tarea fácil: recuperar la cordura.
A veces pensaba que jamás la recobraría.
Ahora estudiaba con curiosidad el nuevo estilo de mi habitación, y me preguntaba para qué estaban allí todos esos objetos.
Tal vez ya lo sabía, conocía sobre las famosas terapias orientales, como quien escucha sobre brujería.
Pero yo no nunca consideré eso brujería o vudú, yo siempre tuve una mente abierta para ser novicia y para saber que lo que era otra cultura, no era brujería.
La Madre Superiora me discutiría ardientemente eso si estuviera allí presente.
La Madre Superiora me discutiría ardientemente eso si estuviera allí presente.
-Buen día-
-Buen día, Morgan-
-¿Se encuentra mejor?-
Respondía apenas, porque en lugar de un pirata debería estar Ana.
Pero ahora todo cambiaba.
-Si tiene hambre...-
-Estoy bien, gracias. Yo, bueno...- necesitaba hablar con alguien. Jamás imaginé que solo tendría a unos criminales como apoyo -En verdad quiero agradecerles-
Cuando pensaba eso me estremecía ¿A cuántos habría matado aquel Holandés? ¿Cuántos crímenes llevaba a cuestas?
El viejo solo hizo un gesto y se dio la vuelta, porque alguien más llegaba.
Y la imagen era lo contrario a mi pesadilla de anoche, la misma figura alta, el mismo rostro. Pero el verdadero Capitán no vestía casaca ni sombrero esa mañana, sino que llevaba una camisa más fresca y su largo cabello negro lo cubría una pañoleta cuya tela me llamó mucho la atención.
Era realmente hermosa.
-Lo lamento mucho- me dijo.
Ahora sentía demasiada atención sobre mí, pues obviamente que todos los piratas estaban allá afuera pendientes de lo que ocurría conmigo.
Ahora sentía demasiada atención sobre mí, pues obviamente que todos los piratas estaban allá afuera pendientes de lo que ocurría conmigo.
-Estoy bien-
Él no se acercó mucho, se quedó parado con expresión soñadora cuando veía los nuevos objetos colocados allí.
-Anoche lo vi- le conté.
-Sí, sabemos lo que vio y lo lamento. Yo no quería esto-
Entonces involuntariamente me olvidé de mi experiencia sobrenatural y comenté con valor:
-Usted habla muy bien el Castellano, para ser Turco-
El Capitán sonrió, porque el cambio de ropa era algo como un primer paso para quitarse su máscara. Una máscara que tal vez llevaba puesta tanto tiempo que se había adherido a su rostros como pegamento.
-Sí, y el Italiano es muy parecido a su idioma y yo, bueno. Es una larga historia-
-Es muy hermoso, todo esto- le comentaba a propósito de los objetos. Adivinaba el gusto del Capitán por ellos así como adiviné su etnia.
-Lo son...- comentó con nostalgia y debía de conocer lo que era y significaba cada uno -Turco Otomano- aclaró a propósito-Pero mi madre era Italiana-
-He leído sobre los Otomanos pero no puedo decir que sepa mucho- me disculpaba rápidamente, temiendo que mi ignorancia ofendiera a aquel hombre -Sin embargo me gusta aprender y siempre tuve curiosidad. Y todo esto, de alguna manera me da mucha paz, es hermoso-
-El Islam, señorita, es nuestra raíz- me aclaraba, pero no mencionaba el Islam con mucho orgullo, como se supone que sería.
-Eso me parece recordar-
Pero el Capitán no dijo más.
Sin embargo allí, en ese momento, y después de todo, los dos sabíamos lo inútil que era ocultar cosas.
Sin embargo allí, en ese momento, y después de todo, los dos sabíamos lo inútil que era ocultar cosas.
Vivíamos en la tierra de nadie. Ya nosotros no teníamos religión, ni país, ni etnia.
-Hace mucho que nosotros nos hemos alejado del Islam. Por siglos hemos luchado por...- la frase correcta era "conquistar el mundo" pero eso era algo en lo que no creía el Capitán - independizarnos. Bueno, no yo exactamente, sino mis ancestros por parte de mi padre- hizo una pausa -El mundo es una eterna lucha por encontrar un lugar, para una etnia, o para una persona-
-¿A qué gobernante le sirve usted?- inquirí.
-Y usted ¿A quién?- me atajó.
-Lo siento yo sé que soy muy preguntona. Es solo curiosidad, y pasión por la historia-
-Dígame ¿Apoyaría al general Bolívar?- me pregunta con curiosidad.
-No creo que el apoyo de alguien como yo cuente-
-No se haga la sumisa- el hombre soltó una carcajada -No lo es. Usted tiene opiniones bastante fuertes y fastidia bastante con eso-
Me sentí completamente tonta.
-Yo no sirvo a nadie. Creí que ya se lo había dejado en claro, mujer- entonces la ira comenzaba a notarse en su voz- Todos han sido un desperdicio de sangre-
-Eso lo entiendo muy bien-
-Bien. Sabe que también conozco algunas cosas que ayudan y que no vienen de su Dios Todopoderoso-
-Es el mismo Dios, señor. No los vea como algo diferente-
-Son muchos los que aniquilan pueblos porque sí son diferentes-
Entonces hizo ademán de querer concluir y marcharse. No quería que lo hiciera, yo quería que fuera completamente abierto conmigo. Pero tenía miedo.
Entonces hizo ademán de querer concluir y marcharse. No quería que lo hiciera, yo quería que fuera completamente abierto conmigo. Pero tenía miedo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario