martes, 14 de agosto de 2018

Capítulo XXVII - Salvación

Pero aquello no resultó ir a charlar con la Madre Superiora, sino ir a perseguirla por toda la capilla.
Parecía que apagar y encender velas era una actividad mucho más importante que escucharme.
Pero en fin, pacientemente esperé bajo los arcos hasta que se terminaran todas las actividades rutinarias para el cierre, mientras que todas las demás fluían por los pasillos y escaleras para no aparecerse más hasta el amanecer.
Y también habían montones de flores marchitas qué quitar.
-Yo sé lo quieres decirme, Marianne- al fin la mujer pareció percatarse de mi presencia, pero no dejaba de ir de aquí para allá con el asunto de las flores -Las noticias vuelan-
Esperaba que se refiriera a mi escapada hacia la bahía, pero me equivoqué.
-Fue un ataque pirata. Eso me dijeron esta tarde-
Cerramos las puertas de la capilla y la acompañé hacia las escaleras. Marchamos entre las antorchas muy acaloradas por el clima y el ardor del fuego, y a paso bastante quedo puesto que nos disponíamos a tener una larga conversación.
-Supongo que bajaste con la esperanza de encontrar ese barco- comentó, con cierto cansancio en su voz. Aquel agite comenzaba a pesar sobre la robusta mujer.
-Eh, no lo sé. Tal vez-
-No ibas a encontrar nada. La finca del gobernador está a kilómetros de aquí, así que los forajidos posiblemente desembarcaron en alguna costa de Sucre, y hace días-
-Pensé eso, pero yo solo quería preguntar si alguien había visto algo...-
-Porque el musulmán de aquel barco muy posiblemente estuvo involucrado en lo de anoche-
-Así fue, Madre. Yo lo sé, yo los escuché- mi rostro era alarmantemente sereno cuando decía eso.
-Esos hombres son muy apasionados. No es mi deber aquí hablar en contra del Islam, pero la sangre musulmana es incontrolable. Son hombres que prefieren morir primero antes que abandonar un ideal-
-Yo solo creo que ven las cosas distinto, y que no todos son como dicen. Y que hay una persona muy confundida y que está ciega-
-Se parece a ti entonces- comentó con certeza -No deberías estar pensando en nada de eso. No son nuestros asuntos, ya lo que he dicho montones de veces ¿Recuerdas lo que dijiste hace unos años?-
-¿Acerca de qué?-
-Francisco Ortega. Todas por aquí sabemos muy bien lo que hizo. Y tú una vez dijiste que algún día alguien mataría a ese hombre-
-No recuerdo eso- mi rostro desconcertado era completamente honesto.
-Lo dijiste y yo te mandé una penitencia, porque no podemos juzgar quién vive y quién debe morir-
-Lo sé, lo lamento- bajé la mirada, y paso a paso llegábamos al piso superior, para tomar por la derecha.
-No estabas lista y mucho menos estás lista ahora-
Me detuve y la interrogué con la mirada ¿Sabía lo de mi decisión?
-Necesitas tiempo y meditación. No puedes tomar ningunos votos ahora- y lo decía con mucha paciencia - Tú estás aquí como refugiada, yo te quiero proteger-
La Madre Superiora tenía las mismas intensiones del Capitán.
-Porque ahora sería mucho peor que supieran que conoces a los agresores, y que sabías que lo de anoche sucedería. Eso es muy peligroso. Debes olvidarte de tu relación con esos piratas, y seguir el camino de una Carmelita, totalmente apartada del mundo-
-Mis intensiones van más allá de mis sentimientos, porque aquí aprendí que Dios es misericordioso hasta con el más vil de los pecadores y ¿Es posible que un pirata se pueda salvar de la horca?-
La Madre Superiora me miró con desaprobación, sin embargo y para mi sorpresa, me respondió:
-Sí puede, de hecho conozco algunos que ahora son ciudadanos respetables- y prosiguió su camino.
Mi corazón dio un vuelco.
-Entonces, Madre...-
-¿Entonces qué, Marianne?- me interrumpió -¿Qué es lo que quieres ahora? No parece que fuera seguir el camino de Dios-
-Ayudar a la gente es estar en el camino de Dios- insistí.
-Sí, pero esa gente, hija mía- protestó la Madre -Parece que te quieres meter en problemas y de nada servirá mi trabajo para protegerte-
-No me meteré en problemas, no me juzgue mal. No pondré a nadie en peligro, y que Dios sea mi testigo- insistí, y cada vez entendía más lo que yo realmente quería -Quiero salvar a una persona, a muchos. Sé que todavía se puede hacer-
Pero la Madre Superiora me recordaba en vez:
-Mañana hay mucho qué hacer. Estamos esperando la visita de nuestros hermanos del Sagrado Corazón que vienen de Portugal, concéntrate en eso-
Y entonces se dio la vuelta y se perdió por el pasillo.

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