martes, 7 de agosto de 2018

Capítulo XVI - Arrullados por el océano

-¿Sabe lo que había en los mástiles de aquel endemoniado bergantín, señorita Perla?-
Esa noche, solo Morgan y yo quedábamos en la cocina, a media luz, cuando ya todos se habían retirado a sus catres de abajo de cubierta.
Una vez me parecía imposible que vivir así pudiera tener algún atractivo, pero algo estaba pasando conmigo. Ya lo no lo veía de la misma manera.
Ligeramente mecidos por el vaivén del océano, era como un arrullo; algo que ya formaba parte de mi percepción del mundo.
Y parecía al fin una noche tranquila.
-Llámame Phillips- sonreí. Y el pirata esbozó una mueca.
-Le queda bien a su merced. En verdad le queda bien. Caray que jamás creí ver a una mujer convertirse en hombre-
Me encogí de hombros. Yo también estaba sorprendida.
-Creo que usted sorprende al Capitán, señorita- comenta el viejo.
Si aquello me sonrojaba, no me daba cuenta, pero sí me estaba sintiendo demasiado acogida allí. Por un momento hasta podía decir que ni en el convento sentí alguna vez algo parecido.
Pero había algo en Morgan que me desconcertaba, era como si notara indirectas en las cosas que me decía. Pero era viejo, y los viejos eran así.
Al fin la edad hacía que la gente se dejara de tantas tonterías y tabúes. Y hablara todo lo que quisiera hablar.
-¿Cómo sigue el Capitán?- obvié el comentario.
-No lo sé. Nadie lo sabe-
-Pues yo debería saber algo. Es mi responsabilidad, saber que su alma está siendo liberada-
El pirata no hallaba qué decirme.
-Todavía lo siento, la presencia. Es algo real, Morgan. Nunca creí que lo diría pero es importante recordarlo. No hay que dejar de rezar- enfatizaba y se me puso la piel de gallina, porque no era libre de aquel fantasmal acechador.
Él solo hizo silencio.
-¿Qué había en los mástiles?- entonces retomé lo que me estaba diciendo- ¿Tuvo eso que ver con el brutal ataque a los españoles? O solo fue otra nave encontrada en el mar al azar-
-Usted también sabe- dijo escuetamente. Los hombres muchas veces hablaban muy poco.
-Sí, lo sé- admití -Pero solo quiero saber a quién juzgaron esta vez. Si lo saben y cómo lo saben ¿Cómo pueden saber, tener información si jamás pisan tierra ¿Quién les informa?-
Soné como una tonta. Los hombres de mar conocían muy bien cada estandarte, cada señal, cada insignia que los identificara a leguas...
-Sabemos. Tenemos nuestras maneras- me responde con ignorante amabilidad el viejo.
Es obvio que no iba a decirme más, que Morgan no podía contármelo todo.
-Aquellos hombres, esos caudillos españoles, hacen pedazos a los mestizos, señorita. No pueden llamarse hombres, son asesinos. Los criollos no son más que pedazos de carne colgando de un mástil-
Me estremecí, y de repente ya no me sentía tan a gusto allí.
-Lo sé- susurré casi sin voz. Y podía imaginármelo todo, porque aquello me recordaba mi trabajo en el convento. Pero no era el momento para recordar nada de eso.
Me llenaba de horror.
Así que me resistí a ser víctima de mi imaginación, y en aquel intento por distraer mi atención del horror, surgió la pregunta:
-He encontrado muchas cosas en el camarote, y toda esa ropa que me hacían usar... Morgan ¿Quién es Abigail?-
Pero el pirata no tuvo tiempo de prestarme atención porque entonces escuchamos los gritos y nos pusieron los pelos de punta.

Pero el pirata no tuvo tiempo de prestarme atención porque entonces escuchamos los gritos y nos pusieron los pelos de punta     

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