-¡Mataron al gobernador, mataron al gobernador!- gritaba un hombre por todas las calles, pasando muy cerca de nuestros muros -¡Mataron al gobernador, anoche!-
Incluso desde la cocina pudimos oír las noticias, aunque pareciera imposible. Josefina, Sor Fernanda, Magdalena y nuestra tutora en asuntos culinarios, Sor Milagros, dejaron todo lo que estaban haciendo y salieron apuradas, con sus hábitos marrones (uniforme de las Carmelitas) ondeando como azotados por un huracán, que casi que se les caían los escapularios por el camino.
Todas excepto yo habían salido a los jardines, porque yo no podía moverme. Me quedé sola en la cocina, sacudida por una tremenda conmoción.
"Están aquí" fue lo que pensé.
Por supuesto, en medio de una revolución, se esperaba que la gente pensara que fueron los partidarios de Bolívar quienes habían pasado por cuchillo al realista Ortega.
Yo no estaba muy al tanto de los problemas de nuestro gobernador con el ejército Bolivariano, pero estaba claro que en esos tiempos cualquiera que se declarara realista, tenía muchos problemas.
Tal vez fuera mejor así, que nadie se acordara que hubieron otros cuyas amenazas habían ocurrido justamente hacía un año.
Hacía un año...
Estuve ocho meses en el Venganza Negra.
Y llevaba cuatro meses en tierra otra vez.
Hacía un año...
Estuve ocho meses en el Venganza Negra.
Y llevaba cuatro meses en tierra otra vez.
Un año.
Y había vivido en un solo año todo lo que nunca viví en una vida.
Y había vivido en un solo año todo lo que nunca viví en una vida.
Al fin reacciono y dejo las verduras que preparaba sobre la mesa, y salgo al jardín, pero no para encontrarme con mis compañeras, sino para escurrirme, cruzando los portones sin que nadie me viera, y bajar caminado hasta la bahía.
---*---*---*---
Escuché toda clase de cosas en mi camino, la gente solo hablaba de lo ocurrido:
"¡Su cabeza!! ¡Le cortaron la cabeza y no aparece por ninguna parte!"
Eso era lo que decía la gente pero yo seguía mi camino porque no quería saber.
Cuando llegué a la playa noté que habían varios barcos y esquifes. Alguno debió haber visto algo anoche. Aunque era bastante tonto pensar que ellos iban a dejarse ver.
Sin embargo intenté averiguar si alguien había divisado algún barco extraño la noche anterior.
Nada, por supuesto. Un barco negro en plena noche era invisible, debería saberlo bien.
Las miradas de extrañeza eran de esperarse, una Carmelita sola en medio de una playa no era algo común.
Pero no me importaba.
El sol ardía y mis hábitos eran demasiado calientes.
-¿Por qué hiciste eso, Gabriel?- le pregunté al mar -¿A caso nada aprendiste de mí en todo ese tiempo?-
Me sentía decepcionada, ignorada y estúpida al creer que el Capitán Pirata iba a escucharme.
Solo era una mujer, y mi opinión no cambiaría la determinación de un hombre como el Capitán. Había caído como todas, por dulces y gentiles palabras.
-No aprendiste nada ¿Verdad? Pirata estúpido. Lo que quieres es matar, demonio-
La Madre Superiora tenía razón. Jamás lo volvería a ver, porque estuvo cerca y no le importó verme, solo vino a hacer de las suyas.
-Demonio maldito- le decía a Gabriel- Ahora debes de tener la cabeza de Ortega de adorno en tu camarote, otro trofeo-
Y me repetía a mí misma que yo no podía estar enamorada de semejante hombre.
-Toda esa palabrería, pero tú no haces nada para alejarte de todo esto. Ya lo veo-
Doy la vuelta y dejo que mis palabras se las llevara el viento, y ojalá pudiera llevarlas hasta él. Eso deseaba.
---*---*---*---
-La situación es cada vez más delicada ¿Cómo se te ocurre salir sola, mujer?- Sor Magdalena me escoltaba, a mí y a otras novicias a la misa de la tarde, pues cuando me habían visto llegar de la playa, la tarde caía y la llegada de la oscuridad aterrorizaba a todo el convento.
Ahora sí me esperaba una charla con la Madre Superiora, se lo vi en los ojos cuando la encontré en la capilla.
Pero yo también tenía algo que decirle. Esa misma noche.
Le iba a decir que tomaría mis votos. Así que sería una monja.
Me casaría con Jesús.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario