El convertirme en un pirata era tal vez peor, no lo sabía. Ahora estaba allí expuesta, ante un mundo que nunca en mi vida había visto.
Nunca. Ni siquiera en las semanas, o meses, que llevaba cautiva en un barco pirata.
La verdadera vida de los piratas era ésa, crueldad y muerte, y eso no se veía con toda claridad sino hasta que se estaba viviendo.
El barco resistiría, al menos estaba segura de eso, porque estaba impresionada con el Venganza Negra, pero aquella certeza no me quitaba el miedo en lo absoluto.
Iba a morir, y no me importaba. O eso me decía a mí misma.
Oía gritos, y entre aquellas voces mis oídos buscaban era la voz del Capitán.
Oía gritos, y entre aquellas voces mis oídos buscaban era la voz del Capitán.
Afortunadamente, De las Casas me protegía, si no, cualquiera de los piratas me hubiera atravesado con su espada y allí hubiera acabado todo.
Así de fácil.
Ya no me importó tampoco el ataque, o si los españoles abordaban el Venganza Negra. Lo que me importaba era que mi vida podía acabar en cualquier momento y... ¿Qué?
Nada, absolutamente nada.
Eso me perturbaba enormemente.
Eso me perturbaba enormemente.
Tanto, que podría quedarme allí parada, y que me cayera encima alguna bala de cañón.
Entonces sentí que me agarraban por el brazo, y me arrastraban, no sabía a dónde. Me llevaban como a una muñeca, por entre los hombres que se amontonaban a nuestro alrededor.
No escuchaba, no entendían lo que decían. Todo era humo asfixiante.
De repente una explosión, y los maderos caían sobre nosotros. Supuse que estaban derribando las velas con disparos de cañón.
-¿QUIÉN ES ÉSE??- escuché que alguien le gritó a De las Casas y con su espada amenazaba mi persona.
-Calla- le ordenaba el pirata.
Yo no era capaz de razonar, estaba demasiado impactada y aturdida.
---*---*---*---
Al fin llegamos hasta la sala de armas, que permanecía intacta, y por fin pensé que nos estábamos resguardando allí.
Al fin después de unos minutos siendo escudriñada de arriba a abajo por todos los hombres que quedaban de la tripulación, un último hombre irrumpía en la sala y mi corazón dio un vuelco.
-Los españoles se retiran, en las balsas- anunciaba el fiero Capitán, y no lucía su casaca negra ni su sombrero. Estaba sudado, con ropas rasgadas y solamente se cubría la cabeza con una pañoleta negra.
Los piratas aullaron de triunfo.
-No hay nada qué celebrar. Hemos perdido hombres- anuncia con pesar.
Y no reparaba en mí, porque la situación mantenía a los hombres distraídos.
-Pero Capitán, el bergantín...- cuestionaba Ramirez, y antes de que prosiguiera, el Capitán le quitó la palabra:
-El barco español se irá a pique. Ya no puede mantenerse a flote. Pero quedaron animales vivos huyendo en las balsas-
Los piratas querían gritar de triunfo pero no lo hicieron.
-¡Entonces vamos a atacarlos, señor!- proponía un pirata cuyo nombre no conocía, pero sí su rostro.
-No, nuestro barco no está en muy condiciones- parecía muy cansado -No se lo merecen, pero seré magnánimo y los perdonaré-
Los hombres se quedan perplejos ante eso. Era la primera vez que el Capitán perdonaba la vida de un español.
¿A qué se debería algo semejante?
Es entonces cuando los feroces ojos del Capitán reparan en mí, y por un momento se queda desconcertado.
-¿Y quién rayos es este sucio intruso??- rasguña las palabras y en seguida saca su espada.
-Señor- De las Casas intercede con apremio, temiendo lo peor -Es la señorita Perla-
No hay comentarios.:
Publicar un comentario