-¡Madre, Madre!- Josefina irrumpía en la capilla a pocos minutos de comenzar la primera misa del día.
La Madre Superiora reacciona algo molesta.
-¿Qué sucede muchacha imprudente?- dice la mujer, y como si no la hubiera escuchara, continúa colocando flores frescas a la Virgen.
-Es que Marianne no está. Fui a buscarla y... Tiene que venir a ver-
La Madre dejó enseguida su tarea, pero sin mostrar nada de sorpresa.
Las monjas llegaban y se sentaban en sus acostumbrados lugares, mientras ambas mujeres cruzaban el pasillo directo a las escaleras.
La celda cuya ventana daba al horizonte marino, se encontraba pulcro y ordenado aquella mañana de domingo. La cama hecha pues nadie había dormido en ella, el hábito colgado en el closet como era costumbre, las velas apagadas y el escritorio limpio y sin nada encima.
La Madre Superiora recorría la celda mientras Josefina le decía angustiada:
-Madre ¿Qué hacemos?? ¡Algo ocurrió con Marianne!-
-Ella se fue, hija mía. Mira, se llevó sus cosas-
Josefina se quedó perpleja. Pero era verdad lo que decía la Madre, eea obvio que la celda había sido acomodada por alguien que se iba a marchar, y las cosas de Marianne no estaban. Excepto que había dejado los hábitos.
-Pero pero... ¿Se fue? ¿Cómo, cuándo?-
-Pues parece que se salía por la ventana-
Josefina se asoma y ve que habían barriles de vino acomodados junto a la pared justo abajo de aquella ventana.
-Pero... Madre ¿Iba Marianne a salir por ventanas como si fuera...?-
"¿Una pirata?"
Aquello no se dijo pero ambas lo pensaron.
-Ella nunca fue la misma desde que llegó de esa aventura- comentó la Madre.
No le gustaba reconocerlo pero sabía que aquello tenía que ocurrir.
-Solo espero que sea feliz- fue lo que dijo y se dispuso a marcharse a continuar con su día.
Josefina se quedó en cuarto desconcertada por las palabras de la Madre Superiora, luego comprendió todo y la siguió, cerrando la puerta de la celda tras de sí.
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En el pueblo las cosas estaban muy agitadas últimamente, desde que el rumor de la presencia de piratas empezó a circular como fuego emparcido en paja.
La guardia al fin hacía acto de presencia en la posada Don Pedro esa misma mañana de domingo, e interrogaba al viejo posadero que allí no soltaba su rosario.
Por supuesto que aquel era el hombre responsable de tanta agitación.
Por supuesto que aquel era el hombre responsable de tanta agitación.
-¿Está usted seguro de lo que dice? Aquí comerciamos con muchos extranjeros-
-Señor, esto salta a la vista- decía atemorizado el viejo- Cuando uno de esos demonios se aparece en frente de uno-
-Usted afirma que hospedó aquí a un pirata-
-Eran varios, señor. Y al principio no tenía seguridad. Se quedaron muy poco tiempo...-
-¿Y dice que no sabe cuándo se marcharon?-
-No señor. Solo hoy, que subía a hacer una ronda rutinaria por los cuartos. Veo que el de aquel hombre estaba vacío, que se había marchado-
-¿Cómo era?-
-Muy alto, señor, y fuerte, con un rostro terrible. La maldad en aquellos ojos. Pero sus ropas no eran cualquier cosa. Seguramente tiene mucho dinero, de sus botines. Sí, era un tipo italiano tal vez-
-No, no era italiano- intervenía otro que acompañaba al posadero -Ese hombre es de otras tierras-
-¿Y los otros hombres?- la guardia evitaba tantos rodeos.
-Estaban aquí vigilando todo el tiempo-
-¿Y dónde se quedaban?-
-No lo sé... Yo me atrevo a decir que tenían un barco-
-Entonces también hubo un barco merodeando nuestra costa-
-Tal vez ¿Cómo saberlo? Con tantos barcos en esta costa- intervenía el hombre que estaba con el posadero.
Los guardias suspiraron con cansancio:
-Hay que empezar una pesquisa en el muelle- dijo aburrido uno de los guardias- y en los alrededores también-
-También estuvo en la taberna- habló al otro hombre -Yo lo vi allí, al extranjero, al pirata-
-¿Cuándo?-
-Hace dos noches. Y lo acompañaba una mujer pirata-
Los guardias se rieron.
-Vaya una mujer pirata también-
-Sí señor, estoy seguro que era una mujer-
-Eso asusta mucho más- el posadero se santiguaba.
Los guardias debían ponerse en marcha, la gente estaba alborotada, que incluso podrían comenzar una cacería de brujas.
Los barcos saldrían a buscar a un fantasma, una vez más.
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