martes, 28 de agosto de 2018

Capítulo XLIII - Historias de piratas

-¡Madre, Madre!- Josefina irrumpía en la capilla a pocos minutos de comenzar la primera misa del día.
La Madre Superiora reacciona algo molesta.
-¿Qué sucede muchacha imprudente?- dice la mujer, y como si no la hubiera escuchara, continúa colocando flores frescas a la Virgen.
-Es que Marianne no está. Fui a buscarla y... Tiene que venir a ver-
La Madre dejó enseguida su tarea, pero sin mostrar nada de sorpresa.
Las monjas llegaban y se sentaban en sus acostumbrados lugares, mientras ambas mujeres cruzaban el pasillo directo a las escaleras.
La celda cuya ventana daba al horizonte marino, se encontraba pulcro y ordenado aquella mañana de domingo. La cama hecha pues nadie había dormido en ella, el hábito colgado en el closet como era costumbre, las velas apagadas y el escritorio limpio y sin nada encima.
La Madre Superiora recorría la celda mientras Josefina le decía angustiada:
-Madre ¿Qué hacemos?? ¡Algo ocurrió con Marianne!-
-Ella se fue, hija mía. Mira, se llevó sus cosas-
Josefina se quedó perpleja. Pero era verdad lo que decía la Madre,  eea obvio que la celda había sido acomodada por alguien que se iba a marchar, y las cosas de Marianne no estaban. Excepto que había dejado los hábitos.
-Pero pero... ¿Se fue? ¿Cómo, cuándo?-
-Pues parece que se salía por la ventana-
Josefina se asoma y ve que habían barriles de vino acomodados junto a la pared justo abajo de aquella ventana.
-Pero... Madre ¿Iba Marianne a salir por ventanas como si fuera...?-
"¿Una pirata?"
Aquello no se dijo pero ambas lo pensaron.
-Ella nunca fue la misma desde que llegó de esa aventura- comentó la Madre.
No le gustaba reconocerlo pero sabía que aquello tenía que ocurrir.
-Solo espero que sea feliz- fue lo que dijo y se dispuso a marcharse a continuar con su día.
Josefina se quedó en cuarto desconcertada por las palabras de la Madre Superiora, luego comprendió todo y la siguió, cerrando la puerta de la celda tras de sí.
---*---*---*---
En el pueblo las cosas estaban muy agitadas últimamente, desde que el rumor de la presencia de piratas empezó a circular como fuego emparcido en paja.
La guardia al fin hacía acto de presencia en la posada Don Pedro esa misma mañana de domingo, e interrogaba al viejo posadero que allí no soltaba su rosario.
Por supuesto que aquel era el hombre responsable de tanta agitación.
-¿Está usted seguro de lo que dice? Aquí comerciamos con muchos extranjeros-
-Señor, esto salta a la vista- decía atemorizado el viejo- Cuando uno de esos demonios se aparece en frente de uno-
-Usted afirma que hospedó aquí a un pirata-
-Eran varios, señor. Y al principio no tenía seguridad. Se quedaron muy poco tiempo...-
-¿Y dice que no sabe cuándo se marcharon?-
-No señor. Solo hoy, que subía a hacer una ronda rutinaria por los cuartos. Veo que el de aquel hombre estaba vacío, que se había marchado-
-¿Cómo era?-
-Muy alto, señor, y fuerte, con un rostro terrible. La maldad en aquellos ojos. Pero sus ropas no eran cualquier cosa. Seguramente tiene mucho dinero, de sus botines. Sí, era un tipo italiano tal vez-
-No, no era italiano- intervenía otro que acompañaba al posadero -Ese hombre es de otras tierras-
-¿Y los otros hombres?- la guardia evitaba tantos rodeos.
-Estaban aquí vigilando todo el tiempo-
-¿Y dónde se quedaban?-
-No lo sé... Yo me atrevo a decir que tenían un barco-
-Entonces también hubo un barco merodeando nuestra costa-
-Tal vez ¿Cómo saberlo? Con tantos barcos en esta costa- intervenía el hombre que estaba con el posadero.
Los guardias suspiraron con cansancio:
-Hay que empezar una pesquisa en el muelle- dijo aburrido uno de los guardias- y en los alrededores también-
-También estuvo en la taberna- habló al otro hombre -Yo lo vi allí, al extranjero, al pirata-
-¿Cuándo?-
-Hace dos noches. Y lo acompañaba una mujer pirata-
Los guardias se rieron.
-Vaya una mujer pirata también-
-Sí señor, estoy seguro que era una mujer-
-Eso asusta mucho más- el posadero se santiguaba.
Los guardias debían ponerse en marcha, la gente estaba alborotada, que incluso podrían comenzar una cacería de brujas.
Los barcos saldrían a buscar a un fantasma, una vez más.

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