martes, 7 de agosto de 2018

Capítulo XVII - Abigail

Nota de autor: Uuuuuf siempre ando haciendo correcciones a capítulos pasados y poniendo fotos. Y además ando sin internet para dedicarme a los detalles.
Así es este proceso cuando una historia no está terminada del todo. 😜
Esta novela no es nueva, la empecé hace unos años. Pero deshice la publicación porque tenía intenciones de terminarla y publicarla en ebook.
Como hice con Sangre y Balas igual una historia original mía que ahora está a $2,99. Capitán Pirata igual.
No sé si la voy a terminar públicamente primero. Posiblemente.
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Encontramos al Capitán delirando, como si ardiera en fiebre, y se agitaba sudoroso en la cama mientras que Clifford intentaba calmarlo y le ponía compresas húmedas sobre la frente.
Parecía tan frágil, pero todavía gritaba.
-¡Es el demonio!- temblaba Ramirez arrinconado tras la puerta -¡El demonio ha estado aquí!! ¡Otra vez!!-
Me acerqué a la cama, olvidando completamente quién era pues para mí en aquel momento solo era un ser humano desvalido que necesitaba de mi misericordia 
Pero había ahora una gran diferencia de cuando lo así la última vez... Yo ya no me sentía una religiosa.
Para mi sorpresa no tenía fiebre, y su camisa estaba toda rasguñada y tenía cortes en su piel.
Los hombres se persignaban.
-¿Eres tú Perla??- sus ojos me buscaban.
-Sí, soy yo Capitán-
Lo atendería esa noche, tal como hice la otra vez.
Pero no hubo necesidad de atarlo a la cama, no tenía ataques violentos. Solo había sido una horrible "pesadilla"
Pero esas pesadillas en realidad eran visitas del ente.
Del otro Capitán.
Y estaba segura de que cada acto de salvajismo y muerte, alimentaba a aquel ser fantasmal.
-Dios está con usted, Capitán. Si usted lo acepta- le susurraba mientras el hombre se agitaba, y Clifford le enjugaba la frente.
-¡Ja, alguien como yo no puede creer que Dios quiera acercarse, monjita!- se retorcía en la cama.
-Entonces ya no soy Phillips-
intenté bromear. Y entonces le tomé su mano, tan grande y fuerte pero en aquel momento era fría y endeble.
-Dudo mucho eso. Jamás serás un hombre-
Y aquello no fue algo dicho de mala manera sino todo lo contrario.
-No seas un hombre, Perla- dijo al fin.
-No intento serlo-
-Bien. Los hombres solo somos unos miserables-
Su ojos se cerraban, cayendo en ligeras ensoñaciones. Pero luego algo terrible lo despertaba y empezaba a agitarse entre gritos.
-Oh Dios, por favor llamen a An...- entonces caí en cuenta de que me había olvidado de ella por completo -Rodolfo...- me dirigí a De las Casas, luego al viejo Holandés, Morgan- ¿Dónde está Ana?-
Nadie respondió, giré mi cabeza hacia todos. De Morgan a Clifford, a Rodolfo, a Ramirez.
-No he visto a Ana desde aquella noche... ¿Dónde está?-
No necesitaba respuestas. Solo preguntaba por incredulidad.
El Capitán gritó otra vez.
Entonces yo le tomaba de la mano piadosamente, y rezaba por él. Intentando no llorar.
Aunque aquella mujer que era, vestida de hombre, distaba cada vez más de ser la novicia raptada en la playa.
-Perla- me llamaba el Capitán.
-No hable, trate de dormir-
-No quiero dormir-
El Capitán temía volver a ser perseguido, no quería cerrar los ojos porque regresaba "la pesadilla"
-No tema. Yo estoy aquí para luchar contra eso. Pero usted debe ayudar y aceptar a Dios-
Se hizo un silencio terrible.
-Usted no es Cristiano ¿Verdad?- era la primera vez que yo trataba de indagar en sus orígenes. Pero era necesario, para mi labor.
El hombre no respondió.
-Escuche, no importa de qué religión sea. Todas las religiones son buenas y en todas hay un dios que lucha contra el mal, sea cual sea-
-¡No! ¡No todas las religiones son buenas!- y su grito me impactó, haciendo que De Las Casas hiciera el amago de retirarme de la cama. Pero sabía que estaba siendo atacado por otras cosas.
-Tranquilo, si se lo pregunto es porque es importante para mi labor-
Poco a poco, el hombre se calmaba mientras yo lo ayudaba con mis rezos.
-¿Ha estado registrando en el cuaderno lo que se le ha encomendado?- habló al fin, con más normalidad. Se irguió sobre la cama intentando sentarse. Sudaba y la sangre manchaba su camisa blanca.
-No puedo anotar algo que no entiendo....como lo de anoche, Capitán-
El hombre volvió a recostarse de su almohada, demasiado cansado para seguir. Y sus grises ojos lucían una máscara de ojeras negras, como un anciano mapache.
-Así que la monjita decidió vestirse de hombre para sobrevivir ¿Por qué no dice que se vistió de hombre porque los finos vestidos que le dispuse no eran lo suficientemente finos?-
Insolente como siempre, me estaba provocando aún y en aquel estado.
-No quería vestir ropas que no eran mías sino de otra mujer- le dije molesta.
Volvía a ser el mismo pedante de siempre.
-Otra mujer. La monjita debe saber muy bien sobre esas cosas-
-Claro que lo sé. Es demasiado obvio todo. No soy la tonta que todos creen-
El hombre se rió.
-El camarote, las cosas delicadas, los vestidos de mujer, los collares y anillos- soltaba como un raudal -Usted ¿qué? ¿pretendía meterme en el lugar de su esposa?-
Silencio otra vez, y la mirada del Capitan era terrible, pero yo no temía. En aquel momento yo tenía más fuerzas que él.
-¿Cree que soy estúpida? ¿Que no sé que Abigail es su esposa?? Una esposa que seguramente abandonó en algún puerto para luego buscarse otra para sustituirla. Pirata maldito, bígamo tal vez, como todos- soltaba sin temor a lo que mi rabia podía provocar.
Hombre desconcertante, ahora nada le molestaba. Respiró con pesadez, sin perturbarse en lo absoluto y, concediéndome la certeza de que el hombre quería confesarse, agregó:
-Abigail era mi esclava-

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