Cuando él se dejó ver otra vez, era como si no hubiera pasado nada.
Era la alta figura negra y arrogante de siempre.
Pero yo no era más una rehén. Yo estaba allí para luchar contra el demonio, y por el hecho de que la otra noche hubiera librado el barco del diablito en la botella, eso no significaba que nos hubiéramos librado de eso.
Era la alta figura negra y arrogante de siempre.
Pero yo no era más una rehén. Yo estaba allí para luchar contra el demonio, y por el hecho de que la otra noche hubiera librado el barco del diablito en la botella, eso no significaba que nos hubiéramos librado de eso.
Había que rezar, y yo debía educar a esos hombres, guiarlos por el саmino de la fe.
Porque de vez en cuando lo veía, a la entidad. Creía que era el Capitán siempre, yo deseaba que fuera el Capitán...
Pero era el otro hombre el que se me aparecía.
Cerraba los ojos de terror, y me santiguaba, y cuando los volvía a abrir, ya el hombre no estaba.
Porque de vez en cuando lo veía, a la entidad. Creía que era el Capitán siempre, yo deseaba que fuera el Capitán...
Pero era el otro hombre el que se me aparecía.
Cerraba los ojos de terror, y me santiguaba, y cuando los volvía a abrir, ya el hombre no estaba.
Quise hablar con el
Capitán sobre eso, pero en vez de mostrarse más cálido, después de que
me tomó la mano la otra noche, estaba más frío y distante que antes.
Una cosa sí sabía, la mujer novicia que fue secuestrada de San Isidro... Ya no existía más.
Yo estaba convirtiéndome en otra persona.
Yo estaba convirtiéndome en otra persona.
---*---*---*---
Fue cuando se alzó la bandera pirata otra vez.
Corría la tarde y veo el movimiento, esa extraña y perversa emoción que acompañaba a aquellos hombres cuando iban a atacar.
Corría la tarde y veo el movimiento, esa extraña y perversa emoción que acompañaba a aquellos hombres cuando iban a atacar.
-¡Bandera Realista!- gritaba el vigía Ramírez -¡Bandera Realista!-
Entonces yo volteo hacia el mástil mayor y allí estaba, la mortífera Jolly Rogers ondeaba gloriosa contra el cielo.
-No pueden hacer eso- exclamaba a nadie en particular -¡Quieren a Montenegro, entonces busquen a Montenegro!!!-
Nadie me hizo caso, entonces corrí al castillo de popa y exigir hablar con el Capitán.
-¡Sé que está allí!! ¡Abra, necesito hablar con usted! -
Algunos Piratas
murmuraban "Mujer tan atrevida. Jamás una mujer ha sido tan atrevida con
un capitán. No entiendo por qué no la ponen en su lugar"
Obviamente que no me iba a abrir la puerta, así que desistí y me di la media vuelta.
Entonces, una mano fuerte me sostuvo:
-Váyase señorita- era el Capitán, que se aparecía como un fantasma -Al camarote y cierre bajo llave. Como la otra noche-
-Va a matar otra vez ¿Por qué? -
-No deben saber que tenemos una mujer a bordo porque si la agarran los españoles, sabrá quiénes son el verdadero demonio-
Me dijo, y aunque me agarraba el brazo con firmeza, no me hacía daño. Me llevó a las escaleras y me obligó a marcharme:
-¡Por favor, debe ocultarse. Que no sepan de usted! -
Y estaba siendo muy sincero. El Capitán en verdad temía por mi seguridad.
Pasaría otras horas de horror, encerrada y ocultándome sin poder ver lo que ocurría, y no creía poder soportar eso.
Los cañones eran
aterradores, y el Venganza Negra era poderoso aunque no lo pareciera.
Ahí estaba el truco. El barco parecía viejo, espectral, pero escondía un
poder mortal.
En cualquier momento los españoles serían más, con barcos más grandes y fuertes, y el Venganza Negra caería.
En cualquier momento los españoles serían más, con barcos más grandes y fuertes, y el Venganza Negra caería.
Entonces los españoles
me encontrarían, a una rehén criolla ¿Y qué me harían?? Se me heló la
sangre. El Capitán me estaba protegiendo de los españoles y él sabía muy
bien por qué.
¿En quién confiar ahora? ¿En los españoles? ¿En el Capitán?
Comenzaba el ataque, el sonido era terrible. Humanidad mortífera encarnada en piratas y cañones.
Esperé encerrada y
temblando, cuando comencé a sentir el humo... Pánico. Allí encerrada en
medio de un incendio me asfixiaría...
Me molestó las ropas de mujer que llevaba, de la tal Abigail, entonces tuve una idea.
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