miércoles, 27 de junio de 2018

Capítulo XI - Ella

Por un momento hubo paz. Solos él y yo en aquella oscura cabina reducida, mecidos por el océano, que poco a poco recuperaba su calma.
El hombre abrió sus ojos, tan claros y grises como la luna, y lo primero que vio fue a la mujer sentada a su lado y que lo estaba cuidando: Yo.
La mano del Capitán se acercó y tomó la mía, débilmente.
Aquello me perturbó, pero comprendía que el hombre no estaba del todo conciente.
No hice nada.
---*---*---*---
No anoté absolutamente nada en el cuaderno, nada de lo  ocurrido la noche anterior.
Fontenay me regresó al camarote y me dejó allí sola otra vez.
Entonces, agarré todos los cráneos, los amuletos, lo que estaba en el escritorio del Capitán y los eché todo por la ventana, al mar. Y tronó el cielo.
Todo signo de brujería desapareció de aquel camarote, lo bote, y registré todo, sin miedo, sus pertenencias, sus ropas. Con rabia. Buscando toda la basura vudú que pudiera tener.
Y todo lo eché al mar.
Es cuando encuentro sobre ella...
Encuentro un collar delicadamente guardado en un cofre, y no me hubiera molestado en él sino fuera porque aquel collar tenía un dije grabado con un nombre de mujer.
Era muy tarde ya, casi el amanecer. Pero no me importaba, esa noche no podría dormir.
"Abigail" leí el nombre.
No le di gran importancia, el Capitán debía tener muchos amores, pero aquel nombre de repente empezaba a aparecerse en todas partes.
"Abigail"
Todo me indicaba que aquella Abigail no era simplemente una mujer. Era La Mujer.
Y estaba envuelta en un hálito de misterio y tristeza.
---*---*---*---
-Quisiera ver al Capitán, necesito ver cómo está su salud- dije al día siguiente, en la cocina, con Morgan.
El Capitán ya no estaba en el cuarto, había desaparecido.
El viejo pirata seguía con sus quehaceres.
-¿Cómo sigue él? ¿Cómo se siente?-
-Mucho mejor y todo gracias a usted-
-Me alegro, en verdad. Pero las cosas no terminan aquí, usted y todos aquí deben saber que con esas cosas no se juega. Que la brujería es mala no porque sea "real" sino porque la gente la hace real-
- Sí señorita- me dijo Morgan con cierto temor.
Porque aquellos hombres podían ser unos salvajes, pero cuando se trataba del diablo se les ablandaba el alma.
Y estaba ocurriendo algo extraordinario, yo ya no me sentía una rehén.
Estaba allí sentada en la mesa donde usualmente comía la tripulación y era como ser parte de ésta.
Volvía a ser invisible, me paseaba por el barco sin que me dijeran nada.
¿De todas maneras a dónde podía ir?
Sin embargo había algo que me estaba inquietando
Sin embargo había algo que me estaba inquietando... Y ya no quería vestir más esas ropas de mujer que tenía el Capitán...
Sentía que yo estaba encarnando de alguna manera a esa tal Abigail.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario