miércoles, 27 de junio de 2018

Capítulo IX - Presencia desconocida

Los piratas y Ana me llevaron bajo cubierta, cruzando por donde dormía la tripulación. Pasamos esos pasadizos de literas desordenadas y llegamos hasta el fondo, a un pequeño cuarto que parecía un camarote, pero que no era ese lugar al lado de la cocina donde dormía Ana. No, era otro lugar.
Y allí estaban reunidos Fontenay, de las Casas, más otro pirata que no conocía, y todos cuidaban a un hombre que yacía en una cama...
-Oh Dios ¿Qué pasó, Ana?- exclamé cuando distinguí quién era.
Y ya no era atemorizante, era el Capitán Pirata que estaba tendido allí, sin camisa...completamente frágil y abatido, pero lo más extraño de todo era que al hombre lo tenían maniatado.
De pies y manos atado a la cama.
Me recordó a los enfermos mentales, pobres desvalidos en manos de gente cruel.
-Pero ¿Qué hacen? ¡No lo amarren así! ¿No ven que está enfermo?- reaccioné con compasión.
-Él no está enfermo, monjita- gruñó Morgan.
-¿Cómo que no? Ignorantes- protesté y fui a ayudar al Capitán. Le quería quitar las amarras, porque no soportaba el maltrato hacia los enfermos.
-¡No le quite las correas!- me advirtió De las Casas de repente, sujetándome del brazo. Me zafé enseguida.
Los hombres me dejaron revisar al Capitán y cumplí con mi función de enfermera: No tenía fiebre, pero sudaba muchísimo y estaba terriblemente agitado.
Entonces ya no tenía dudas, era él el hombre que gritaba de noche.
Me cercioré que no estuviera herido ni enfermo...
-¿Qué le pasa a este pobre miserable, Ana?-
La mujer no me dijo nada, más bien se quedó rezagada y temerosa, no abría la boca. Fue Morgan el que habló:
-Señorita monjita, necesita que le rece... Porque al capitán lo persiguen-
-¡Claro que lo persiguen, a él y a todos ustedes! ¡Y eso no se cura con rezos!-
-No señorita... A él no lo persigue hombre alguno...-
La mirada de todos los piratas me desconcertó mucho, pero yo tenía las de ganar allí, me necesitaban. Pero no podía entender lo que ocurría, lo único que me llegaba a la mente era que el Capitán estaba bajo la influencia de algún narcótico.
El odio que sentí por él hacía un rato se había desvanecido por completo.
Yo lo había visto como un monstruo pero no era más que un ser humano como yo, con sus fragilidades, sus sufrimientos y temores.
-Díganme qué le pasa a este hombre. Así no puedo ayudarlo- exigí a los piratas una explicación –Lleva varias noches gritando, lo he oído-
Esas criaturas ignorantes, estaban todas atemorizadas. Imaginé que en su ignorancia le habían dado quién sabe qué al Capitán. Recordé todos los artilugios de brujerías que había en el camarote.
Brujería, narcóticos, esas cosas eran muy comunes.
El barco se agitó ante el embate del mar y el Capitán se estremeció, tratando de liberarse de las amarras con los ojos aterrorizados, y estuvo a punto de gritar, y yo ante eso solté una exclamación "¡Dios mío!"
-Es eso. Monjita, tiene que ayudarnos- el viejo Morgan ya no parecía tan amenazante. Estaba con el rostro lívido. Entonces se persignó.
-¿QUÉ PASA?- me molesté con una punzada de miedo-¿Quién persigue al capitán???-

No hay comentarios.:

Publicar un comentario