-Bueno, bueno- el Capitán interrumpió la cena y en seguida todos los hombres hicieron silencio.
Yo permanecí callada en
mi asiento, y casi no comía aunque debía admitir que estaba muerta de
hambre y aquella cena era una delicia.
-Al parecer esta noche nuestra monjita tendrá su bautizo de fuego- dijo levantándose de la mesa con su copa de vino en la mano.
Todos los piratas voltearon a mirarme con sus horribles sonrisas.
-Sí, esta noche
esperamos encontrar a una fragata Española que viene de las costas
Venezolanas cargada de esclavos y de oro- dijo el Capitán y a mí se me
heló el alma. Ya me suponía lo que eso significaba -¿Sabe por qué este
barco es negro, mi querida monjita?- preguntó -Porque así no pueden
vernos en medio de la noche. Nos acercamos y nos aparecemos como
fantasmas- pronunció con su grave voz y cada palabra sonaba terrible
-Negros somos, señorita, para movernos en la noche, sorprendiendo con la
muerte-
No decía palabra, esa
nueva noticia me había dejado un nudo en la garganta. ¿Qué iba a ser de
mí en medio de una batalla naval? Otra vez me veía arrojándome al mar
como única escapatoria, y aún peor, al mar negro de la noche lleno de
voraces bestias.
Todos los hombres celebraron eso. Yo no, yo estaba allí atrapada.
Y haciendo caso omiso de
mi presencia y de mi desgracia, los piratas hacían planes y discutían
el ataque al bergantín, y la liberación de los esclavos que
supuestamente éste traía.
Cuando al fin, Morgan y
Fontenay me ordenan levantarme, y detrás de nosotros el gran vitral
mostraba una noche estrellada y un mar calmo. Me quedé hipnotizada con
aquel paisaje, y era una gran ironía que algo tan hermoso pudiera ser
tan mortal.
-Deberá quedarse en el
camarote, señorita Perla- la voz grave del Capitán me habló por encima
del hombro -Si encontramos ese barco esta noche, las cosas se pondrán
peligrosas. A no ser que usted sea buena con la espada-
Volteé para darle la cara al desgraciado, no podía entender por qué ahora se mostraba tan preocupado por mí.
-Prefiero que me maten
los Españoles a ser su mujer a la fuerza- fue lo que le dije. El Capitán
me miró sorprendido por un momento pero luego recuperó la compostura.
-Usted nunca ha tratado con hombres ¿Verdad?- sonrió disfrutando de mi temor-Es muy ingenua-
No toleraba cómo le
gustaba acercase a mí y jugar conmigo. Los dos estábamos demasiado cerca
frente a ese ventanal, con el mar de fondo, como para ignorarlo.
-Las monjitas nunca han estado con un hombre- proseguía con su cháchara insoportable y esa sonrisa desconcertante.
-Ya veo, ahí está su
verdadera cara, sus verdaderas intenciones Capitán. Para esto me
secuestró, para mostrarme lo que es un "hombre"-dije con odio -Es igual a
todos usted-
-En definitiva, no
conoce a los hombres- el Capitán Pirata suspiró y me dio la espalda para
volver sus ojos grises hacia el mar negro que murmuraba afuera del
ventanal del castillo de popa. Era nuevamente el hombre que había visto
ayer, no el fanfarrón que se lució durante la cena.
Entonces tuve la loca
idea de que lo que me dijo durante la cena frente a sus hombres fue una
broma, fanfarronerías para hacerse el macho delante de su tripulación y
burlarse de mí.
-Pero tal vez algo de
razón tenga usted- dijo, y yo no sé por qué eso me hizo latir fuerte el
corazón. Su presencia era intimidante, me hacía latir el corazón de una
manera que no quería.
No dijo más nada, se quedó en silencio y de repente su mirada adquirió una profunda tristeza.
-Será mejor que se
prepare, tome sus precauciones por si llegamos a encontrarnos con ese
barco Español. Aquí no podrá ser una princesa, deberá aprender a luchar y
defenderse por sus propios medios, monjita-
Ordenó a Fontenay que me llevara al camarote.
-Quédese allí, y no trate de salir ni hacer ruido, pase lo que pase- me advirtió- No le pasará nada-
Asustada tendría que
vivir esa experiencia, no sé si era peor quedarse escondida sin saber
nada o presenciar la matazón que se acercaba.
El Capitán Pirata iba a llenarse las manos de sangre esa noche. Me horroricé.
---*---*---*---
Triste destino el de aquella fragata Española. Era otro barco que caía víctima del Venganza Negra.
Desde mi ventana y
empuñando una bellísima espada que Morgan me entregó, fui testigo de un
ataque brutal y del bergantín sólo quedó una nave envuelta en llamas y
gritos de hombres desesperados que caían abatidos por balas de pistolas y
cañones. Sin embargo adentro de mí estaba muy preocupada por la vida
del Capitán Pirata.
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